Trauma y TEPT

Trauma infantil: cómo afecta en la adultez y cómo sanarlo

Qué se considera una experiencia adversa en la infancia, cómo se nota años después y qué puede hacer hoy un adulto para recuperarse. Incluye orientación para quienes cuidan a un menor.

En este artículo
  1. ¿Qué se considera trauma infantil?
  2. ¿Cómo afecta el trauma infantil en la adultez?
  3. Señales de un trauma infantil no resuelto
  4. ¿Por qué no recuerdo bien mi infancia?
  5. ¿Se puede sanar un trauma infantil en la adultez?
  6. Si eres madre, padre o cuidador

El trauma infantil es la huella que dejan experiencias dolorosas o amenazantes vividas en la infancia, como la violencia en la familia, el abuso, la negligencia o la pérdida de un cuidador sin apoyo para enfrentarla. Como ocurre mientras se están formando el cerebro, la forma de regular las emociones y la imagen de uno mismo, sus efectos suelen notarse años después: en el ánimo, en las relaciones y en el cuerpo.

Este artículo está pensado sobre todo para personas adultas que vivieron experiencias difíciles cuando eran pequeñas. Si eres madre, padre o cuidador y te preocupa un menor, al final encontrarás una sección para ti. Para el panorama general, revisa la guía sobre trauma psicológico y TEPT.

En resumen

  • No toda adversidad en la infancia se convierte en trauma: influye mucho si hubo un adulto que protegió y consoló.
  • Sus efectos adultos más frecuentes aparecen en las relaciones, la autoestima, la regulación emocional y el cuerpo.
  • Lo que viviste no fue tu culpa, y la forma en que aprendiste a sobrevivir tuvo sentido en ese contexto.
  • Un trauma infantil se puede trabajar en la adultez con terapias focalizadas en el trauma.

¿Qué se considera trauma infantil?

En investigación se habla de experiencias adversas en la infancia para referirse a situaciones como:

  • maltrato físico, emocional o sexual;
  • negligencia física o emocional: no tener cubiertas las necesidades básicas, o no recibir consuelo ni atención;
  • violencia entre los adultos de la casa;
  • crecer con un adulto con consumo problemático de alcohol o drogas;
  • la separación, la pérdida o el encarcelamiento de un cuidador.

A esto se suman otras experiencias que también pueden ser traumáticas: acoso escolar grave, hospitalizaciones largas o dolorosas, desastres, migraciones forzadas o la muerte de alguien cercano.

No toda experiencia difícil deja un trauma. Pesa mucho cuánto duró, qué edad tenías y, sobre todo, si hubo al menos un adulto que te protegió, te consoló y te ayudó a entender lo que pasaba. Por eso dos hermanos que crecieron en la misma casa pueden quedar con huellas muy distintas.

¿Cómo afecta el trauma infantil en la adultez?

La investigación asocia las experiencias adversas en la infancia con un mayor riesgo de problemas de salud mental y física en la adultez. Es una asociación, no un destino: muchas personas con infancias muy difíciles llevan vidas plenas, y el apoyo que llega después también cuenta.

Cuando sí deja huella, suele notarse en estas áreas:

  • Relaciones: desconfianza, miedo al abandono, dificultad para pedir ayuda o tendencia a repetir vínculos que dañan. Aquí se cruza con el trauma relacional.
  • Emociones: reacciones muy intensas o, al contrario, dificultad para sentir; sensación de vacío; desconexión.
  • Autoimagen: una vergüenza de fondo, la idea de que “hay algo malo en mí”, autocrítica constante o una autoexigencia que nunca se satisface.
  • Cuerpo: alerta casi permanente, tensión, problemas de sueño, molestias físicas que se agravan con el estrés.
  • Salud mental: mayor vulnerabilidad a la depresión, la ansiedad, el consumo problemático de sustancias, el TEPT y el trauma complejo.

Señales de un trauma infantil no resuelto

Algunas señales frecuentes en adultos son:

  • reaccionar con una intensidad que te sorprende ante críticas, gritos o conflictos;
  • sentir que tienes que ganarte el cariño o que eres una carga;
  • tener pocos recuerdos de la infancia, o recuerdos que evitas;
  • sentirte como un niño asustado en ciertas situaciones, aunque sepas que eres adulto;
  • que la llegada de un hijo, una pérdida o una crisis reactive emociones muy antiguas.

Ninguna de estas señales por sí sola prueba un trauma. Sirven para decidir si vale la pena explorarlo con un profesional.

¿Por qué no recuerdo bien mi infancia?

De los primeros años de vida casi nadie conserva recuerdos, y es normal que la memoria de la infancia sea fragmentada. El estrés intenso también puede dejar lagunas. Pero las lagunas, por sí solas, no demuestran que haya ocurrido algo traumático.

Conviene desconfiar de cualquier enfoque que prometa “descubrir” traumas olvidados. La memoria es reconstructiva y puede ser influida por la sugestión, así que una terapia responsable no induce recuerdos ni confirma hechos a partir de síntomas. Para sanar no necesitas recordarlo todo: se trabaja con lo que sí recuerdas y con cómo te afecta hoy. Más detalles en recuerdos traumáticos.

¿Se puede sanar un trauma infantil en la adultez?

Sí. El cerebro mantiene la capacidad de aprender y cambiar durante toda la vida, y las terapias focalizadas en el trauma funcionan también con recuerdos de hace décadas. En el proceso se suele trabajar:

  • la regulación de las emociones y del cuerpo, antes de tocar los recuerdos más difíciles;
  • el procesamiento de los recuerdos que siguen activos, por ejemplo con EMDR o TCC focalizada en el trauma;
  • la relación contigo: pasar de la autocrítica a una forma más compasiva de tratarte;
  • los patrones que se repiten en tus relaciones.

En mi consulta atiendo a adultos y trabajo con EMDR, Terapia de Aceptación y Compromiso y mindfulness, en psicoterapia online o presencial. No necesitas confrontar a tu familia ni perdonar a nadie para avanzar: esas son decisiones tuyas, que se pueden pensar en terapia sin presión.

Si eres madre, padre o cuidador

Si te preocupa que un menor esté viviendo o haya vivido algo traumático, estas son señales a las que conviene prestar atención:

  • cambios bruscos en el sueño, pesadillas o miedo a dormir solo;
  • volver a conductas de etapas anteriores, como mojar la cama o hablar como más pequeño;
  • irritabilidad, rabietas intensas o aislamiento;
  • juegos o dibujos que repiten una y otra vez una situación;
  • problemas nuevos en el colegio, dolores de estómago o de cabeza frecuentes sin causa médica.

Lo que más ayuda es ofrecer seguridad y rutinas, escuchar sin interrogar y no obligarlo a hablar. Esta consulta atiende solo a adultos: para una evaluación, busca un psicólogo o psiquiatra infantojuvenil. Si crees que un menor está en riesgo, llama al 133 (Carabineros) o al 147 (Fono Niños de Carabineros), o haz la denuncia en la PDI o en la Fiscalía.

Cuándo pedir ayuda de inmediato

Si tienes ideas de quitarte la vida o de hacerte daño, llama al *4141, la línea de prevención del suicidio del MINSAL, gratuita y disponible las 24 horas, al 131 (SAMU) o acude a la urgencia más cercana.

¿Es trauma si "no fue tan grave" comparado con lo que viven otros?

Compararte suele servir para minimizar lo que sientes. Lo relevante no es si otros vivieron algo peor, sino cómo te afectó a ti y cómo te afecta hoy.

¿Cuánto dura la terapia para un trauma infantil?

Depende de cuánto se repitió lo vivido, de tu situación actual y de tus recursos. Cuando el trauma fue prolongado, el proceso suele tomar más tiempo que el de un trauma único, pero los cambios empiezan a notarse antes de terminarlo.

Si esto te está pasando, no tienes que resolverlo sin ayuda

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Ps. Carlos de Miranda Baron-Ibarboure

Ps. Carlos de Miranda Baron-Ibarboure

Psicólogo clínico. Máster en Terapias Psicológicas de Tercera Generación (ACT, EMDR y mindfulness). Registro Superintendencia de Salud N.º 740490.

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