Los pensamientos intrusivos son ideas, imágenes o impulsos no deseados que aparecen de forma repentina y generan angustia, culpa o asco, como imaginar que dañas a alguien querido, dudar de si cerraste la puerta, tener una imagen sexual o blasfema inapropiada o pensar “¿y si salto?”. Casi todas las personas los tienen. No significan que quieras hacer eso ni que seas una mala persona: justamente angustian porque van en contra de tus valores. Se vuelven un problema cuando la persona intenta controlarlos, neutralizarlos o evitarlos, porque eso los hace más frecuentes.
Si te asustan tus propios pensamientos, este artículo es para ti. Para el marco general, revisa la guía de ansiedad.
En resumen
- Son muy frecuentes en la población general.
- Angustian porque chocan con lo que valoras, no porque los desees.
- Intentar suprimirlos o neutralizarlos los hace más intensos.
- Si te consumen mucho tiempo o generan rituales, pueden ser parte de un TOC, que tiene tratamiento.
¿Qué tipos de pensamientos intrusivos son frecuentes?
- De daño: imágenes de lastimar a alguien, en especial a seres queridos o a un bebé.
- De duda: “¿cerré la llave?”, “¿atropellé a alguien sin darme cuenta?”.
- Sexuales: imágenes o ideas que no corresponden a tu orientación o que te parecen inaceptables.
- Religiosos o morales: blasfemias, miedo a haber pecado.
- De contaminación: miedo a enfermar o contagiar.
- Sobre la relación: “¿y si no lo amo de verdad?”.
- De impulso: “¿y si salto?”, “¿y si grito en medio de la reunión?”.
¿Por qué aparecen?
La mente produce constantemente pensamientos al azar; la mayoría pasan sin que les prestemos atención. Un pensamiento intrusivo se queda cuando lo interpretamos como importante o peligroso: “si lo pienso, es porque en el fondo lo quiero”, “pensar esto es tan malo como hacerlo”. Esa interpretación genera ansiedad, y la ansiedad hace que la mente vuelva a revisar el pensamiento una y otra vez.
Son más frecuentes con estrés, falta de sueño, ansiedad y en etapas de cambio, como el posparto (ver depresión posparto).
¿Por qué no funciona intentar no pensarlos?
Si te pido que no pienses en un oso blanco, probablemente lo pensarás. Suprimir un pensamiento lo hace más presente. Lo mismo ocurre con:
- Buscar tranquilidad preguntando a otros.
- Revisar o comprobar.
- Contra-pensar (“no, yo no soy así”).
- Evitar situaciones o personas.
Dan alivio inmediato, pero le enseñan al cerebro que el pensamiento era peligroso.
¿Cómo manejar los pensamientos intrusivos?
- Nómbralo: “esto es un pensamiento intrusivo”, no un mensaje sobre quién eres.
- No discutas con él ni intentes demostrar que es falso.
- Déjalo estar: permítete tenerlo, con la incomodidad que trae, mientras sigues con lo que estabas haciendo.
- Reduce los rituales de a poco: revisar, preguntar, evitar.
- Toma distancia: “estoy teniendo el pensamiento de que…” (técnica de la terapia de aceptación y compromiso).
- Cuida la base: sueño, estrés, cafeína.
¿Cuándo es un TOC?
Cuando los pensamientos intrusivos (obsesiones) generan mucha angustia y llevan a conductas o actos mentales repetitivos para neutralizarlos (compulsiones), que consumen tiempo (más de una hora al día, por ejemplo) o interfieren con tu vida. Revisa TOC: trastorno obsesivo-compulsivo.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si los pensamientos intrusivos te generan mucha angustia, te llevan a evitar situaciones o personas, o te cuesta funcionar, la psicoterapia ayuda. Los enfoques con más respaldo son la exposición con prevención de respuesta y la terapia de aceptación y compromiso. Revisa también sobrepensar.
Diferencia importante
Los pensamientos intrusivos son no deseados y te angustian. Si en cambio sientes deseos de hacerte daño o de dañar a otros, o tienes un plan, pide ayuda de inmediato: llama al *4141 (gratis, 24 horas) o al 131.
