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Cómo calmar la ansiedad en el momento: qué hacer cuando aparece

  • Carlos de Miranda Baron-Ibarboure
  • 23 abr
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: hace 4 días

Cuando la ansiedad aparece de forma intensa, muchas personas sienten una necesidad urgente de detener lo que están experimentando lo más rápido posible.

En esos momentos, es común buscar maneras inmediatas de “hacer desaparecer” la ansiedad, especialmente cuando las sensaciones físicas o los pensamientos generan mucho malestar.

Sin embargo, intentar eliminar completamente la ansiedad de forma rápida suele aumentar la frustración y la sensación de pérdida de control.

En la mayoría de los casos, lo más efectivo no es luchar contra la ansiedad, sino ayudar al cuerpo y a la mente a reducir progresivamente el nivel de activación.

Comprender cómo funciona la ansiedad permite responder de una manera más útil y menos reactiva frente al malestar.

Qué hacer cuando aparece ansiedad

Durante un episodio de ansiedad, el cuerpo entra en un estado de alerta elevado.

El sistema nervioso interpreta que existe una amenaza y activa respuestas físicas y emocionales orientadas a protegernos.

Por eso pueden aparecer:

  • palpitaciones

  • tensión muscular

  • sensación de falta de aire

  • pensamientos acelerados

  • inquietud física

  • sensación de urgencia o peligro

Las estrategias más útiles suelen ser aquellas que ayudan a disminuir gradualmente la activación, sin generar más miedo o tensión.

Centrarse en la respiración

La respiración tiene un efecto directo sobre el sistema nervioso.

Cuando la ansiedad aumenta, muchas personas comienzan a respirar de forma rápida, superficial o desordenada, lo que puede intensificar aún más la activación física.

Intentar hacer la respiración más lenta y regular puede ayudar al cuerpo a comenzar a salir del estado de alerta.

Por ejemplo:

  • inhalar lentamente

  • exhalar de manera más larga y suave

  • enfocarse en bajar el ritmo progresivamente

  • evitar exigirse “respirar perfecto”

No se trata de controlar completamente la respiración, sino de ayudar al cuerpo a reducir poco a poco la activación.

A medida que la respiración se vuelve más calmada, muchas personas notan también una disminución gradual de los síntomas físicos.

Observar las sensaciones sin luchar contra ellas

Uno de los aspectos que más mantiene la ansiedad es la lucha constante contra las sensaciones físicas o emocionales.

Cuando aparecen síntomas como:

  • palpitaciones

  • tensión

  • nerviosismo

  • sensación de ahogo

  • pensamientos intensos

muchas personas reaccionan inmediatamente intentando eliminarlos o escapar de ellos.

Sin embargo, esa lucha suele aumentar aún más la sensación de peligro.

En muchos casos, resulta más útil:

  • observar las sensaciones

  • reconocer que están presentes

  • permitir que el cuerpo se active sin entrar en pánico

  • evitar interpretar automáticamente los síntomas como peligrosos

Esto no significa “resignarse” a la ansiedad, sino dejar de reaccionar como si cada síntoma fuera una amenaza grave.

A medida que disminuye el miedo hacia las sensaciones, también suele disminuir la intensidad de la activación.

Permitir que la ansiedad siga su curso

La ansiedad suele funcionar como una ola:

  • aumenta

  • alcanza un punto máximo

  • luego disminuye progresivamente

Muchas personas sienten que si no hacen algo inmediatamente, la ansiedad seguirá aumentando indefinidamente. Sin embargo, el cuerpo no puede mantenerse para siempre en un estado máximo de activación.

Permitir que la ansiedad siga su curso natural suele ser más efectivo que intentar detenerla bruscamente.

Esto implica:

  • dejar espacio a la experiencia

  • recordar que la ansiedad es temporal

  • evitar entrar en una lucha desesperada contra lo que se siente

  • confiar en que la activación disminuirá gradualmente

Aunque al principio esto puede sentirse difícil, muchas personas notan que la ansiedad pierde intensidad más rápido cuando dejan de combatirla constantemente.

Reducir la sobreestimulación

Cuando el sistema nervioso está muy activado, reducir ciertos estímulos puede ayudar al cuerpo a regularse.

Si es posible, puede ser útil:

  • disminuir ruidos intensos

  • alejarse momentáneamente de ambientes muy exigentes

  • reducir exposición a pantallas

  • buscar un espacio más tranquilo

  • bajar el ritmo de actividad

Esto no significa evitar permanentemente las situaciones, sino darle al cuerpo condiciones más favorables para disminuir la activación en ese momento.

Qué suele empeorar la ansiedad

Existen algunas reacciones muy habituales que, aunque buscan aliviar el malestar, muchas veces terminan intensificando la ansiedad.

Entre ellas se encuentran:

  • intentar controlar completamente lo que se siente

  • analizar constantemente los síntomas

  • interpretar las sensaciones como peligrosas

  • anticipar que “algo malo va a pasar”

  • pensar que la ansiedad nunca terminará

  • evitar inmediatamente cualquier incomodidad

Estos patrones mantienen el sistema nervioso en estado de alerta y refuerzan el miedo hacia la propia ansiedad.

Muchas veces, el problema no es solo la ansiedad en sí, sino el miedo constante a sentir ansiedad.

Cambiar la relación con la ansiedad

El objetivo no siempre es eliminar totalmente la ansiedad, sino aprender a relacionarse con ella de una manera distinta.

Cuando la ansiedad deja de interpretarse como una amenaza extrema, suele perder intensidad con el tiempo.

Esto implica pasar de:

  • luchar constantemente contra lo que se siente

  • evitar cualquier incomodidad

  • reaccionar automáticamente con miedo

a desarrollar una postura más orientada a:

  • observar

  • comprender

  • permitir

  • responder de manera más flexible

Muchas terapias psicológicas actuales trabajan precisamente en cambiar la relación con la ansiedad más que en intentar eliminar toda sensación incómoda.

Un proceso que requiere práctica

Aprender a calmar la ansiedad no suele ocurrir de un día para otro.

Es un proceso gradual que implica:

  • comprender cómo funciona la ansiedad

  • reconocer patrones de activación

  • practicar nuevas formas de responder

  • desarrollar herramientas emocionales

  • reducir el miedo hacia los síntomas

Con el tiempo, muchas personas notan que:

  • la ansiedad aparece con menos intensidad

  • las crisis duran menos

  • disminuye el miedo a perder el control

  • se sienten más capaces de manejar el malestar

  • recuperan mayor tranquilidad y bienestar

La práctica constante suele ser más importante que intentar encontrar una solución inmediata.

Cuándo buscar ayuda psicológica

Puede ser recomendable buscar apoyo profesional cuando la ansiedad:

  • aparece frecuentemente

  • genera mucho malestar

  • afecta el descanso, trabajo o relaciones

  • provoca evitación constante

  • se vuelve difícil de manejar solo

  • genera miedo intenso o sensación de pérdida de control

La terapia psicológica puede ayudarte a comprender qué está manteniendo la ansiedad y desarrollar herramientas adaptadas a tu situación específica.

Cada persona experimenta la ansiedad de manera distinta, por lo que el abordaje debe ajustarse a las necesidades individuales.

 
 
 

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