Las terapias de tercera generación (o terapias de tercera ola, o contextuales) son un grupo de psicoterapias que, en vez de corregir o eliminar pensamientos y emociones difíciles, trabajan la relación que tienes con ellos, con apoyo de la aceptación, el mindfulness y los valores personales. Las más conocidas son la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la terapia dialéctico conductual (DBT) y la terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT).
Es el marco en el que me formé y desde el que trabajo, y lo verás aplicado en el servicio de psicoterapia. Aquí lo explico en general: de dónde viene, qué terapias incluye y en qué se distingue de la terapia cognitivo-conductual (TCC).
En resumen
- “Tercera generación” alude a una tercera etapa en la historia de la terapia psicológica, después de la terapia de conducta y de la terapia cognitiva.
- Comparten la aceptación, el mindfulness, los valores y el interés por la función de un pensamiento o una conducta más que por su contenido.
- No son experimentales: ACT, DBT y MBCT tienen décadas de investigación.
- No hay evidencia de que sean superiores en general a la TCC. Cada enfoque tiene problemas donde destaca.
¿Qué significa “tercera generación”?
La psicología clínica suele contar su historia en tres etapas:
| Generación | Idea central | Ejemplos |
|---|---|---|
| Primera: terapia de conducta (desde mediados del siglo XX) | Los problemas se aprenden y se pueden desaprender cambiando la conducta y sus consecuencias | Exposición, refuerzo, entrenamiento de habilidades |
| Segunda: terapia cognitiva y TCC (desde los años sesenta y setenta) | Lo que piensas influye en lo que sientes y haces, así que se identifican y se modifican los pensamientos poco realistas | Reestructuración cognitiva, registro de pensamientos |
| Tercera (desde fines de los años ochenta, con el nombre popularizado en los años 2000) | Importa menos qué piensas y más cómo te relacionas con ello; se suman la aceptación, el mindfulness y los valores | ACT, DBT, MBCT |
Es una forma de ordenar la historia, no una jerarquía: la tercera no reemplaza a las anteriores, y de hecho las usa.
¿Qué terapias forman parte de la tercera generación?
La lista cambia según quién la haga, pero estas suelen incluirse:
- Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Enseña a tomar distancia de los pensamientos, a hacer espacio a las emociones y a actuar según tus valores.
- Terapia dialéctico conductual (DBT). Combina cambio y aceptación para personas con emociones muy intensas y difíciles de regular.
- Terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT). Une el mindfulness con elementos de la terapia cognitiva; su uso mejor respaldado es prevenir recaídas en la depresión recurrente. Está explicada en la guía de mindfulness.
- Terapia centrada en la compasión. Trabaja la autocrítica y la vergüenza cultivando una actitud más amable hacia ti.
- Psicoterapia analítica funcional. Usa la relación con el terapeuta como espacio para practicar nuevas formas de vincularse.
- Activación conductual. Ayuda a retomar actividades con sentido, sobre todo en la depresión. Algunos autores la ubican en la segunda ola y otros en la tercera.
El EMDR, que también uso en consulta, no forma parte de este grupo, pero es un método estructurado para procesar recuerdos traumáticos. Puedes leer más en qué es el EMDR.
¿Qué tienen en común?
- Aceptación. Dejar de luchar contra lo que sientes como primer paso, en lugar de intentar eliminarlo.
- Mindfulness. Entrenar la atención al presente y la capacidad de observar los pensamientos y emociones sin engancharte.
- Valores. Preguntar qué te importa y cómo quieres vivir, y no solo qué síntomas quieres reducir.
- Función antes que contenido. En vez de “¿es verdadero este pensamiento?”, preguntan “¿qué pasa cuando lo obedezco?”.
- Contexto. Miran cuándo y cómo aparecen tus reacciones, no solo qué son.
¿Son mejores que la terapia cognitivo-conductual?
No hay evidencia clara de que lo sean en general. En muchos problemas, como la ansiedad y la depresión, los resultados son comparables. Y para algunos cuadros, como el trastorno de pánico o el trastorno obsesivo compulsivo, la TCC con exposición sigue siendo el tratamiento con más respaldo.
Donde sí destacan es en usos específicos: la DBT en personas con conductas autolesivas y emociones muy intensas, y la MBCT en la prevención de recaídas de la depresión. Además, algunos investigadores discuten si se trata de una “nueva generación” o de una evolución de la propia TCC. Para ti, lo que importa es otra cosa: qué enfoque conecta con tu problema y con tu forma de ser.
¿Para quién pueden ser una buena opción?
Suelen encajar cuando:
- Llevas tiempo intentando controlar, evitar o “pensar distinto” lo que sientes, y eso no ha funcionado.
- Tu mente rumia y sientes que pelear con los pensamientos te agota.
- Convives con estrés prolongado, burnout o dolor crónico.
- Sientes que tus emociones te desbordan y decides con ellas. Aquí ayudan las habilidades de regulación emocional.
- Ya tuviste una depresión y quieres prevenir una recaída.
Si prefieres un enfoque más estructurado en el análisis y cambio de pensamientos, la TCC puede acomodarte mejor. Ningún enfoque es bueno para todas las personas.
¿Cómo trabajo yo con estas terapias?
Mi máster fue en Terapias Psicológicas de Tercera Generación (Universidad Internacional de Valencia). La ACT y el mindfulness son la base de mi trabajo, y elijo entre ellos y el EMDR según lo que te pasa, no aplico lo mismo a todas las personas. La DBT completa es un programa distinto, que yo no ofrezco; la incluyo aquí como información general.
También se pueden hacer por videollamada, con buenos resultados en la mayoría de los casos. Hay más en terapia psicológica online.
¿Las terapias de tercera generación son nuevas o experimentales?
No. La ACT, la DBT y la MBCT se desarrollaron entre fines de los ochenta y los noventa, y tienen décadas de investigación. “Tercera generación” habla de una etapa de la historia, no de algo en prueba.
¿Cuánto duran?
Depende del enfoque y del problema. La DBT estándar es un programa largo, de alrededor de un año. La MBCT se organiza en ocho semanas. La ACT puede ser breve o extenderse más, según el motivo de consulta.
¿Cómo sé cuál necesito?
No tienes que decidirlo tú. En las primeras sesiones, quien te atiende debería explicarte cómo entiende tu problema, qué enfoque propone y por qué. Si no queda claro, pregúntalo: es parte de una buena atención.
