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Espiritualidad sin religión: ciencia y meditación

  • Carlos de Miranda Baron-Ibarboure
  • 28 ago 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 17 horas


espiritualidad, mindfulness, meditación

Vivimos en un tiempo de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad que cambia rápidamente y en la que el exceso de estímulos y el creciente uso de nuevas tecnologías hacen que el estrés sea algo cada vez más común y con repercusiones más significativas, afectando el bienestar psicológico, emocional y físico de las personas que lo padecen. En este contexto, prácticas como el Mindfulness, el yoga u otras prácticas de meditación han ido ganando cada vez más difusión en occidente como una nueva forma de espiritualidad. En las últimas décadas, estas prácticas han sido estudiadas científicamente e integradas por parte de las terapias cognitivo-conductuales. Esto plantea un interesante fenómeno en el que la ciencia y la espiritualidad comparten tradiciones y conviven enriqueciéndose mutuamente en pos una mayor eficacia en el proceso de sanación y bienestar y ampliando considerablemente el objetivo a tratar.


Las terapias cognitivo-conductuales son el resultado de la convergencia de la terapia conductual de la primera generación y la terapia cognitiva de la segunda generación de tratamientos psicológicos, mostrando como dos tradiciones pueden dar lugar a un conjunto nuevo de técnicas psicoterapéuticas. En otra línea, la práctica de Mindfulness ha sido definida como una versión de occidente de meditaciones budistas para enfrentar el malestar. A partir de la propuesta de Jon Kabat-Zinn y su plan de tratamiento de reducción del estrés basado en la atención plena (MBSR), los investigadores cognitivo-conductuales han ido incorporando estas prácticas en sus tratamientos. Su utilidad se centra principalmente en que a partir de la práctica de Mindfulness el individuo se vincule de una manera distinta con sus pensamientos. Por otro lado, la terapia cognitiva basada en Mindfulness (MBCT) supone la integración de tres teorías: terapia cognitivo-conductual, Mindfulness y ciencia cognitiva. A su vez, Wells (2009) desarrolló una forma de Mindfulness en su terapia metacognitiva, en la cual se orienta hacia una meta-conciencia de los pensamientos y los procesos cognitivos. Su objetivo principal es lograr la capacidad de percibir la separación entre el sentido del self y los eventos mentales en las cuales incluye ejercicios de supresión y contra-supresión de pensamientos, metáforas y bucle verbal.


En la práctica clínica, Mindfulness se enfoca en prácticas de serenidad y contemplación, donde la atención es el proceso psicológico básico implicado, no obstante, una forma de meditación menos estudiada es la de amor incondicional y compasión. Esta práctica tradicional budista busca desarrollar afectos positivos de amor y compasión a través de prácticas que incorporan palabras y frases direccionadas a una energía positiva y amorosa hacia los demás y hacia sí mismo. En este caso, las frases no son un mantra que se repiten hasta perder el sentido, sino que se mantiene la atención plena en un significado específico: el amor incondicional. Los estudios relacionados a esta práctica muestran un incremento en el afecto positivo (amor, goce, gratitud, alegría, esperanza, interés, orgullo, admiración y diversión) y disminuye los síntomas depresivos. Los resultados favorecen la dirección de incluir herramientas enfocadas al afecto positivo y no únicamente enfocadas a la reducción del afecto negativo.


Por otra parte, la práctica del yoga se encuentra ampliamente integrada en nuestra cultura occidental. Si bien su origen es milenario, los estudios científicos acerca de sus efectos en el estado de ánimo y los síntomas de ansiedad son relativamente recientes. Al respecto, los resultados han mostrado una reducción de los síntomas ansiosos, aunque el tamaño del efecto es relativamente pequeño. La difusión de las prácticas corporales-espirituales de oriente fueron incorporadas en Argentina a principios del siglo XX por parte de las elites sociales que introdujeron la meditación y el yoga, lo que progresivamente se extendió a las clases medias. Hoy en día, se puede ver como terapeutas cognitivos recomiendan su práctica con frecuencia, especialmente a pacientes con sintomatología ansiosa.


En definitiva, las terapias cognitivo-conductuales se encuentran ligadas a la necesidad de contar con procedimientos psicológicos que validen científicamente su eficacia, eficiencia y efectividad. La meditación y el yoga son prácticas milenarias centradas en el desarrollo de la espiritualidad que han ido ganando difusión en occidente, por lo que han sido estudiadas científicamente en las últimas décadas y recientemente integradas por las terapias cognitivo-conductuales. Resulta interesante el estudio científico de las prácticas de origen espiritual y su integración con las terapias psicológicas tradicionales, permitiendo que la ciencia y la espiritualidad convivan y se enriquezcan mutuamente.


Referencias:

Celleri, M. (2018). TCC y prácticas orientales. Intersecciones Psi. Revista electrónica de facultad de psicología UBA.

Paris, S. (2018). Espiritualidad sin religión. Mindfulness aplicado a la educación social.

 
 
 

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