Qué hacer en un ataque de pánico
- Carlos de Miranda Baron-Ibarboure
- 17 mar
- 5 min de lectura
Actualizado: 7 may
Un ataque de pánico puede ser una experiencia muy intensa y angustiante. Los síntomas físicos, como la falta de aire, las palpitaciones, la presión en el pecho o el mareo, pueden hacer sentir que algo grave está ocurriendo.
Muchas personas creen que van a desmayarse, perder el control, dejar de respirar o tener un problema médico serio. Esto genera aún más miedo y hace que el cuerpo se active todavía más.
Sin embargo, aunque la experiencia es muy real y desagradable, un ataque de pánico no suele ser peligroso físicamente. Se trata de una activación intensa del sistema de alerta del organismo.
Saber qué hacer durante un ataque de pánico puede ayudarte a atravesarlo con mayor calma, reducir el miedo asociado a los síntomas y disminuir la intensidad del episodio.
Qué ocurre durante un ataque de pánico
Durante un ataque de pánico, el cuerpo activa la respuesta de “lucha o huida”.
Esto genera cambios automáticos como:
aumento del ritmo cardíaco
respiración acelerada
tensión muscular
aumento de adrenalina
sensación intensa de alerta
El problema es que estas sensaciones suelen interpretarse como peligrosas.
Por ejemplo:
una palpitación se interpreta como un problema cardíaco
la falta de aire se vive como señal de ahogo
el mareo genera miedo a desmayarse
Esto aumenta aún más la ansiedad y hace que el ataque escale rápidamente.
Comprender este proceso es importante, porque permite entender que lo que ocurre corresponde a una activación intensa del cuerpo y no necesariamente a un peligro real inmediato.
Respirar lento y profundo
Durante un ataque de pánico, la respiración suele acelerarse o volverse superficial.
Esto puede generar síntomas como:
mareo
hormigueo
presión en el pecho
sensación de ahogo
sensación de inestabilidad
Intentar regular la respiración puede ayudar a disminuir progresivamente la activación.
No se trata de controlar rígidamente cada respiración ni de “hacerlo perfecto”, sino de darle al cuerpo un ritmo más lento y estable.
Puede ayudar:
inhalar lentamente
exhalar de forma pausada
enfocarse más en soltar el aire que en tomarlo
permitir que el cuerpo vaya calmándose gradualmente
Mientras más lenta sea la exhalación, más señales de calma recibe el sistema nervioso.
Identificar los pensamientos del ataque de pánico
Durante el episodio suelen aparecer pensamientos automáticos muy intensos.
Algunos frecuentes son:
“me va a pasar algo grave”
“no voy a poder controlarlo”
“me voy a desmayar”
“esto no va a terminar”
“estoy en peligro”
“voy a perder el control”
Estos pensamientos aumentan el miedo y hacen que el cuerpo siga activándose.
Una parte importante del manejo del ataque consiste en reconocer que estos pensamientos forman parte de la ansiedad.
En lugar de discutir con ellos o intentar eliminarlos por completo, puede ayudar decirse:
“esto es ansiedad”
“mi cuerpo está activado”
“aunque sea incómodo, va a pasar”
“no necesito reaccionar como si estuviera en peligro real”
Este cambio en la interpretación puede disminuir la intensidad del episodio.
No luchar contra las sensaciones
Uno de los impulsos más comunes durante un ataque de pánico es intentar escapar inmediatamente de lo que se siente.
Muchas personas:
intentan controlar el cuerpo de forma desesperada
buscan salir rápido del lugar
luchan contra las sensaciones físicas
intentan eliminar inmediatamente la ansiedad
Sin embargo, mientras más peligrosa se interpreta la experiencia, más se mantiene la activación.
Intentar pelear constantemente contra el ataque suele aumentar la tensión.
En cambio, permitir que las sensaciones estén presentes sin reaccionar como si fueran una amenaza puede ayudar a que el episodio disminuya más rápido.
Esto no significa resignarse al malestar, sino entender que el cuerpo está atravesando una respuesta temporal de ansiedad.
Volver al momento presente
Durante un ataque de pánico, la atención suele quedar atrapada en:
el cuerpo
los síntomas
pensamientos catastróficos
miedo al peligro
Esto intensifica todavía más la experiencia.
Por eso, puede ayudar volver gradualmente al entorno presente.
Algunas estrategias útiles son:
mirar alrededor y nombrar objetos
apoyar los pies firmemente en el suelo
notar sonidos del ambiente
describir mentalmente dónde estás
observar colores, texturas o formas
notar la temperatura del lugar
Estas acciones ayudan a sacar la atención del “peligro interno” y enviar señales de seguridad al cerebro.
Recordar que el ataque de pánico es temporal
Durante el episodio, muchas personas sienten que la intensidad nunca va a bajar.
Sin embargo, el ataque de pánico sigue una curva:
la activación sube rápidamente
alcanza un punto máximo
luego disminuye de forma gradual
El cuerpo no puede mantenerse indefinidamente en máxima alerta.
Recordar que:
el ataque tiene una duración limitada
las sensaciones son temporales
la activación eventualmente baja
puede ayudar a disminuir el miedo que alimenta el episodio.
Qué suele empeorar el ataque de pánico
Algunas reacciones habituales pueden intensificar la experiencia sin que la persona lo note.
Por ejemplo:
monitorear constantemente el cuerpo
buscar señales de peligro todo el tiempo
interpretar cada sensación como grave
intentar controlar completamente el episodio
anticipar que va a empeorar
evitar cualquier incomodidad inmediatamente
Estas conductas aumentan la sensación de amenaza y mantienen activo el sistema de alerta.
Después del ataque de pánico
Cuando el episodio termina, es normal experimentar:
cansancio físico
agotamiento emocional
tensión residual
sensibilidad corporal
preocupación por que vuelva a ocurrir
También puede aparecer ansiedad anticipatoria, es decir, miedo constante a tener otro ataque.
En esta etapa puede ser útil:
evitar analizar excesivamente lo ocurrido
no castigarse por haber tenido el episodio
recordar que el cuerpo atravesó una alta activación
retomar gradualmente las actividades normales
Esto ayuda a no reforzar la idea de que el ataque fue una amenaza real.
El miedo al próximo ataque
Después de experimentar pánico, muchas personas comienzan a vivir pendientes de:
su respiración
el corazón
el mareo
cualquier sensación corporal
Esto puede generar hipervigilancia y mantener la ansiedad.
En algunos casos, la persona comienza a evitar:
salir sola
conducir
lugares concurridos
transporte público
situaciones donde siente que “no podría escapar”
Con el tiempo, el miedo al ataque puede limitar significativamente la vida diaria.
Comprender el ataque de pánico cambia la relación con el miedo
Uno de los cambios más importantes en terapia no es eliminar completamente las sensaciones, sino modificar la forma de interpretarlas.
Cuando las sensaciones dejan de verse como señales de peligro extremo:
el miedo disminuye
el cuerpo se activa menos
los episodios pierden intensidad
Esto permite recuperar gradualmente sensación de seguridad y control.
Tratamiento psicológico del ataque de pánico
Los ataques de pánico tienen tratamiento y pueden trabajarse de forma efectiva.
La psicoterapia ayuda a:
comprender qué está manteniendo el problema
disminuir el miedo a las sensaciones físicas
trabajar la ansiedad anticipatoria
recuperar seguridad y funcionamiento cotidiano
Algunas herramientas utilizadas son:
terapia cognitivo-conductual
regulación emocional
mindfulness
técnicas de respiración
psicoeducación sobre ansiedad
exposición gradual a sensaciones o situaciones evitadas
trabajo con pensamientos catastróficos
Muchas personas logran reducir significativamente la frecuencia e intensidad de los ataques y recuperar actividades que habían dejado por miedo.
Cuándo buscar ayuda
Si los ataques de pánico se repiten, generan miedo constante o afectan tu vida diaria, es importante buscar apoyo profesional.
Un psicólogo puede ayudarte a:
comprender lo que ocurre
identificar qué mantiene los episodios
reducir el miedo asociado a los síntomas
desarrollar herramientas para manejar la ansiedad
Con tratamiento adecuado, es posible recuperar tranquilidad, seguridad y calidad de vida.
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