Cómo hablar con tus hijos sobre ansiedad en tiempos difíciles
- Carlos de Miranda Baron-Ibarboure
- 31 ago 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 4 días
En períodos de estrés, cambios importantes o mayor incertidumbre, la ansiedad puede aumentar tanto en adultos como en niños.
En los niños, la ansiedad muchas veces no se expresa de forma directa. En lugar de decir “estoy ansioso”, pueden mostrar cambios en el comportamiento, irritabilidad, dificultades para dormir, molestias físicas o necesidad constante de seguridad y atención.
Por eso, aprender a hablar con los hijos sobre la ansiedad de manera adecuada puede ayudarles a comprender mejor lo que sienten, disminuir el miedo y desarrollar herramientas emocionales más saludables.
Hablar sobre ansiedad no significa alarmar a los niños ni sobreprotegerlos, sino ofrecerles un espacio seguro donde puedan entender sus emociones y sentirse acompañados.
La forma en que los adultos responden a la ansiedad infantil influye directamente en cómo los niños aprenden a manejar sus emociones a largo plazo.
Escucha sin juzgar
Uno de los aspectos más importantes es permitir que el niño exprese lo que siente sin minimizar, corregir o invalidar sus emociones.
Muchas veces, frases como:
“no es para tanto”
“no tienes por qué sentirte así”
“deja de preocuparte”
“eso no da miedo”
pueden hacer que el niño sienta que lo que le ocurre no es válido o que debe ocultar lo que siente.
En cambio, validar emocionalmente ayuda a que el niño se sienta comprendido y seguro.
Algunas respuestas más útiles pueden ser:
“entiendo que esto te preocupe”
“parece que te sentiste nervioso”
“tiene sentido que te hayas asustado”
“gracias por contarme cómo te sientes”
Cuando los niños sienten que pueden expresar sus emociones sin ser juzgados, suelen desarrollar mayor confianza emocional y más capacidad para regular lo que les ocurre.
Explica la ansiedad de forma sencilla
Los niños necesitan explicaciones simples, claras y adaptadas a su edad.
La ansiedad puede explicarse como una reacción natural del cuerpo que aparece cuando algo parece difícil, nuevo, incierto o peligroso, incluso si en realidad no existe un riesgo importante.
Por ejemplo, puedes decir:
“La ansiedad es como una alarma del cuerpo”
“A veces esa alarma se activa aunque no haya peligro real”
“Tu cuerpo intenta protegerte, aunque no siempre sea necesario”
Utilizar ejemplos cotidianos, metáforas o comparaciones simples facilita que los niños entiendan lo que les pasa sin sentirse asustados o confundidos.
Lo importante es transmitir que la ansiedad no significa que haya “algo malo” en ellos, sino que es una reacción que puede aprenderse a manejar.
Ayúdales a reconocer lo que sienten
Antes de aprender a regular la ansiedad, es importante que el niño pueda identificarla y ponerle nombre a lo que experimenta.
Muchos niños sienten síntomas físicos o emocionales sin comprender completamente qué les ocurre.
Puedes ayudarles haciendo preguntas simples como:
“¿Sientes el corazón rápido?”
“¿Te cuesta quedarte tranquilo?”
“¿Sientes algo raro en la guata o el pecho?”
“¿Tu cuerpo se siente muy inquieto?”
Esto les permite conectar las sensaciones físicas con las emociones y entender que lo que sienten tiene una explicación.
A medida que los niños aprenden a identificar sus emociones, suelen sentirse menos confundidos y más capaces de manejarlas.
Enseña herramientas simples para manejar la ansiedad
Los niños también pueden aprender estrategias básicas de regulación emocional, especialmente cuando se practican de manera tranquila, acompañada y progresiva.
Algunas herramientas útiles son:
respiración lenta y consciente
ejercicios simples de atención al presente
notar sonidos, colores o sensaciones del entorno
movimientos suaves o ejercicios corporales
reconocer sensaciones físicas sin asustarse
aprender a detenerse y observar antes de reaccionar
Por ejemplo, puedes practicar respiraciones simples:
inhalar contando hasta 3
exhalar contando hasta 4 o 5
El objetivo no es “eliminar” inmediatamente la ansiedad, sino ayudar al cuerpo a disminuir gradualmente el nivel de activación.
Es importante practicar estas herramientas en momentos de calma y no solo cuando el niño ya está muy ansioso.
Asegura presencia y apoyo emocional
La ansiedad infantil suele disminuir cuando los niños sienten que no están solos frente a lo que les ocurre.
La presencia calmada de un adulto transmite seguridad y ayuda al sistema nervioso del niño a regularse.
Muchas veces, lo más importante no es encontrar rápidamente una solución, sino:
acompañar
escuchar
mostrar disponibilidad
transmitir calma
permanecer presentes emocionalmente
Los niños no siempre necesitan que alguien “resuelva” sus emociones. Muchas veces necesitan sentir que hay un adulto disponible mientras atraviesan el malestar.
La constancia en este acompañamiento fortalece la sensación de seguridad emocional y confianza en el vínculo.
Evita reforzar el miedo sin darte cuenta
A veces, con la intención de proteger al niño, los adultos pueden reforzar indirectamente la ansiedad.
Por ejemplo:
evitar constantemente situaciones que generan miedo
responder con excesiva urgencia
transmitir demasiada preocupación
sobreexplicar peligros
intentar eliminar inmediatamente toda incomodidad
Esto puede hacer que el niño interprete el entorno como más amenazante y aumentar la sensación de inseguridad.
El objetivo no es obligar ni minimizar lo que siente, sino acompañar gradualmente para que el niño desarrolle confianza y herramientas para enfrentar ciertas situaciones.
Ayudar no siempre significa evitar el malestar, sino enseñar que es posible atravesarlo de forma segura.
Fortalecer el vínculo emocional
Hablar sobre ansiedad también fortalece la relación entre padres e hijos.
Cuando un niño siente que puede expresar sus emociones sin miedo a ser juzgado o rechazado, desarrolla:
mayor seguridad emocional
confianza en los adultos
mejor capacidad de regulación emocional
mayor autoestima emocional
más herramientas para enfrentar situaciones difíciles
Este tipo de vínculo tiene efectos positivos a largo plazo en la forma en que el niño aprende a manejar sus emociones y relacionarse consigo mismo.
La seguridad emocional no implica ausencia de ansiedad, sino saber que existe apoyo y acompañamiento frente a lo que ocurre.
Cuándo buscar ayuda psicológica
Puede ser recomendable buscar apoyo profesional cuando la ansiedad:
aparece con mucha frecuencia
genera un malestar intenso
afecta el sueño o la alimentación
interfiere con el colegio o las relaciones
provoca evitación constante
genera síntomas físicos frecuentes
limita las actividades cotidianas del niño
La terapia psicológica puede ayudar tanto al niño como a los padres a comprender mejor lo que está ocurriendo y desarrollar herramientas adaptadas a la situación específica.
Cada niño experimenta la ansiedad de manera distinta, por lo que el acompañamiento profesional puede ser muy útil para orientar el proceso.
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