La ansiedad da mareos principalmente por la forma de respirar: cuando estás en alerta respiras más rápido y superficial, baja el dióxido de carbono en la sangre y eso produce sensación de cabeza liviana, inestabilidad o de estar flotando. La tensión del cuello y la atención puesta en el equilibrio lo refuerzan. Es desagradable pero no peligroso, y la sensación de desmayo por ansiedad rara vez termina en un desmayo real.
El mareo es uno de los síntomas físicos de la ansiedad que más inquietan, porque hace sentir que el cuerpo no responde. Aquí vas a encontrar por qué ocurre, cómo distinguirlo de otras causas y qué hacer cuando aparece.
En resumen
- Respirar rápido o con suspiros baja el dióxido de carbono en la sangre y produce cabeza liviana, hormigueo y visión algo borrosa.
- El mareo por ansiedad suele sentirse como inestabilidad o flotación, más que como que todo gira.
- Durante la ansiedad la presión tiende a subir, por eso es poco común desmayarse. La excepción es la fobia a la sangre y las agujas.
- Un mareo súbito con dificultad para hablar, debilidad de un lado o visión doble es una urgencia.
¿Por qué la ansiedad da mareos?
Cuando el sistema nervioso se activa, la respiración se acelera y se vuelve más superficial, muchas veces sin que te des cuenta. Así eliminas más dióxido de carbono del necesario. Esa baja produce cambios en la sangre y un leve estrechamiento de los vasos sanguíneos del cerebro, y el resultado se siente como cabeza liviana, inestabilidad y, a veces, hormigueo en manos y cara.
Hay otros mecanismos que se suman:
- Tensión en el cuello y los hombros, que altera la información que el cuerpo usa para ubicarse en el espacio.
- Hipervigilancia: cuando temes marearte, notas pequeñas oscilaciones normales del equilibrio que en otro momento pasarían desapercibidas.
- Sobrecarga visual: lugares como supermercados, malls o calles con mucho movimiento exigen más al sistema del equilibrio, y con ansiedad eso se tolera peor.
¿Cómo se siente el mareo por ansiedad?
Las personas lo describen como:
- Cabeza liviana, “como vacía” o algo embotada.
- Sensación de flotar, de ir en un barco o de que el suelo se mueve un poco.
- Inestabilidad al caminar, aunque en la práctica no te caes.
- Sensación de que te vas a desmayar.
- Visión algo nublada o dificultad para enfocar. Puedes leer más sobre la visión borrosa por ansiedad.
- Sentir que las cosas se ven lejanas o raras, como en un sueño.
Suele aparecer junto con otros síntomas: respiración rápida, palpitaciones, sudor o náuseas. Con frecuencia empeora en lugares con mucha gente o de los que es difícil salir.
¿Me puedo desmayar por ansiedad?
Es poco común. Para desmayarse, la presión arterial tiene que bajar bruscamente, y durante la ansiedad el corazón se acelera y la presión tiende a subir. Por eso la sensación de “me voy a desmayar” es muy frecuente, pero el desmayo real no lo es.
La excepción importante es la fobia a la sangre y las agujas: ahí, después de una subida inicial, la presión y el pulso bajan, y el desmayo sí puede ocurrir. También puedes desmayarte por otras causas (calor, deshidratación, estar mucho rato de pie, bajar de golpe de la cama). Si pierdes el conocimiento, aunque sea por unos segundos, consulta con un médico.
¿Cómo saber si el mareo es por ansiedad o por otra causa?
El mareo por ansiedad suele ser una sensación de inestabilidad, aparece con otros síntomas de ansiedad y varía según lo que estás pensando o haciendo. Cuando todo gira a tu alrededor (vértigo), es más probable que el origen esté en el oído interno, aunque la ansiedad puede acompañarlo y empeorarlo. Algunas causas frecuentes:
- Vértigo posicional paroxístico benigno: vértigo breve e intenso al darte vuelta en la cama, acostarte o mirar hacia arriba. Es frecuente y se trata con maniobras que realiza un médico o kinesiólogo.
- Otros problemas del oído interno: vértigo con zumbido o pérdida de audición en un oído, o vértigo intenso que dura días después de un resfrío.
- Presión baja: mareo al ponerte de pie rápido.
- Anemia, deshidratación o baja de azúcar.
- Medicamentos, incluidos algunos para la presión o para dormir.
- Migraña, que en algunas personas se manifiesta con mareo o vértigo.
- Alteraciones del ritmo cardíaco.
Cuándo ir a urgencia o consultar pronto
Llama al 131 (SAMU) o ve a urgencia si el mareo o vértigo aparece de golpe junto con:
- Dificultad para hablar o para entender, o cara desviada.
- Debilidad o adormecimiento de un brazo, una pierna o un lado de la cara.
- Visión doble o pérdida de visión.
- Dificultad para caminar o para coordinar los movimientos.
- Dolor de cabeza súbito y muy intenso.
- Pérdida de conciencia, sobre todo si ocurrió haciendo ejercicio o con palpitaciones o dolor en el pecho.
Aunque los síntomas se pasen en minutos, consulta igual. Pide hora con un médico si es la primera vez que tienes vértigo, si el mareo es persistente, si notas zumbido o pérdida de audición en un oído, o si te mareas seguido al ponerte de pie.
¿Qué es el mareo que se queda después de un período de ansiedad?
Algunas personas, después de un episodio de vértigo, una crisis de pánico o un período de mucho estrés, quedan con un mareo o inestabilidad casi todos los días, que empeora al estar de pie, al moverse o en lugares con mucho estímulo visual. Cuando esto dura tres meses o más, puede tratarse de un mareo postural-perceptual persistente (MPPP), un cuadro reconocido en la CIE-11.
No es “imaginario”: es un sistema del equilibrio que quedó en modo de alerta. Se trata con rehabilitación vestibular (ejercicios guiados por un kinesiólogo), terapia psicológica y, en algunos casos, medicamentos indicados por un médico.
¿Qué hacer cuando te mareas por ansiedad?
Para el momento del mareo
- Fija la vista en un punto quieto: un cuadro, una esquina, un letrero.
- Siente el apoyo: los pies en el suelo, la espalda en la silla. Si lo necesitas, siéntate, pero no te quedes ahí más de lo necesario.
- Respira más lento, no más profundo. Inhala por la nariz en cuatro tiempos y bota el aire en seis. No respires dentro de una bolsa: no es necesario y puede ser riesgoso si el mareo tiene otra causa.
- Retoma el movimiento de a poco: camina despacio mirando hacia adelante.
A mediano plazo, lo que más ayuda es no organizar tu vida en torno al mareo. Evitar el supermercado, las escaleras mecánicas o salir sin compañía da alivio en el momento, pero le enseña al cerebro que esos lugares son peligrosos y el mareo se instala. Cuando la evitación se extiende a muchos lugares, puede desarrollarse una agorafobia.
También ayuda mantener una hidratación adecuada, comer a horarios regulares, moverte a diario y trabajar la forma de respirar, especialmente si sientes falta de aire o suspiras muy seguido.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si los mareos se repiten, si te están haciendo evitar lugares o actividades, o si vives pendiente del equilibrio, vale la pena consultar. En terapia se trabaja la activación de fondo y el miedo a las sensaciones, a veces con ejercicios de exposición gradual a ellas, para que el cuerpo deje de interpretarlas como peligro.
